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[Romance][XxX] Suspiros entre el Silencio
#1
Corazón 
Suspiros entre el Silencio


-¿Cómo? -Arrugaba cada vez más el entrecejo con cada palabra que salía del teléfono que sujetaba con la mano derecha- No puede ser, restableced los niveles, eh... enfriad el generador.
-Qué pasa amor, ¡háblame!

Y entre aquella pareja alarmada por una llamada telefónica estaba él, callado y sin saber cómo reaccionar. Era de esos muchachos que ante situaciones serias no puede evitar dejar ver una sonrisa, y esta vez le estaba costando ocultarla. Sentados los tres, entrevistaban al muchacho para dar clases de francés a su hija y entre las risas y las preguntas el tono de llamada del marido rompió la calma. Ambos, marido y mujer trabajaban en una central de energía Geocinética*, y él, la tenía desesperada mirando por la ventana y escuchando las palabras que vociferaba su interlocutor sin decir ni una palabra.

-Tengo que irme. -Dijo tras colgar el teléfono-
-¿Así, sin decirme nada?

Él la miró comprendiendo su preocupación, pero tras mirar a su esposa con seriedad guiñó levísimamente el ojo izquierdo en dirección al joven y la mujer entendió. La empresa era absolutamente experimental y había mucho en juego, la salud de la población corría peligro y hablar de ello frente a un muchacho cualquiera, por muy amigo que fuera de la familia contaría la situación a sus amigos via Whatsapp como chisme nada más salir de la casa. Lo mejor era callar.

-Está bien, pero voy contigo. -Dijo levantándose y cogiendo la chaqueta que pendía en el sombrerero al lado del sofá donde se encontraba César-
-No, tú te quedas aquí cuidando a Irina, yo iré solo.

La mujer se giró y miró a César.

-¿Sabes qué? Quedas contratado, pero empiezas hoy.
-Cielo... -La interrumpió su marido-
-Vamos Edgar, tenemos prisa. -Quería que su marido le contase todo ya, esa empresa se había forjado con el sudor de mucha gente y con el ingenio y las capacidades de su matrimonio especialmente, eran los ingenieros que diseñaron el sistema sobre el que se producía la magia que generaba energía en aquel lugar-

Tras un instante de vacile del marido que aprovechó su mujer para coger las llaves del coche dijo a César:

-Está dormida pero no tardará en despertar, espérala en la sala, ponte la tele y saquea lo que quieras de la nevera. -César sonrió y achinó los ojos-
-No hará falta. -Dijo manteniendo la sonrisa- No tengo hambre, se lo agradezco mucho. Descuide. -Se tomó un segundo para pensar que decirle y continuó- Le deseo suerte para lo que sea que lo requiere allá adonde van y... dé lo mejor de sí mismo.

El hombre lo miró agradecido por sus palabras de ánimo y posó su mano derecha sobre el hombro izquiedo del muchacho.

-Te confío el tesoro más grande que tengo. -Lo miró a los ojos-

Retiró la mano del hombro de César y fue a por su chaqueta mientras su mujer estaba en el humbral de la puerta haciendo gestos de impaciencia.

-¿Te preparo un café amor? -Preguntó ella con sarcasmo-
-No, eso nos haría tardar mucho más... -Ella sonrió, llevaban seis años casados y él todavía no captaba sus sarcasmos-

Fue como tirar una mueble por las escaleras, estruendosos ruidos con cada golpe que daba en cada escalon fueron los ágiles movimientos del marido cogiendo el sombrero, la chaqueta, las llaves y abandonando la casa dejando ambos tras de sí un limpio portazo como si el mueble reposase ahora en el suelo silenciosamente tras semejante orquesta de ruido. En medio del silencio y del ruido del motor del coche arrancando después César pensó: "Ehh... soy profesor, no niñero", estaba algo incómodo por la forma en la que le habían dejado solo con la niña dormida, pero el dinero no estaba de más y aquella prueba le daría la oportunidad de ganarse su confianza y asegurarse el puesto. Respiró hondo y subió las escaleras. La pared en frente de la barandilla de las escaleras lucía las fotos que la familia había colgado en conmemoración de tiernos recuerdos de logros familiares con su hija. Era hermosa, cabello castaño hasta la cintura, nariz respingona, mofletes tiernos y abultados, ojos enormes de un verde muy intenso arropados por largas pestañas. César recordó las palabras dichas por su padre y comprendió por qué era su más preciado tesoro aquella muchacha. Llegó al último escalón, comenzó a caminar por el pasillo en dirección a las puertas que daban paso a los dormitorios, había una entreabierta y se la veía desordenada, ropa por los suelos, muñecas y juguetes; además de un oso de color rosa que reposaba a la entrada del cuarto. Continuó avanzando, pasó el pie por encima del oso y abrió del todo la puerta. Estaba semi desnuda, apenas vestía unas braguitas de color verde, una tonalidad similar a la de sus ojos, y llevaba un colgante de plata con forma de corazón. Se le heló la sangre, no debía estar viendo aquello, de hecho, le habían dicho de esperar abajo y esperar a que ella despertase por propio impulso. Nervioso, retrocedió torpemente y pisó al oso. "Despierta dormilona, jejejeje. Despierta dormilona, jejejeje". "Mierda!" Gritó para sus adentros, aquel oso le había delatado de forma fatal, "¿Enserio tenía que decir despierta?". Le resultaba enormemente cómico aquello, pero reaccionó rápido, e intentó abandonar la habitación a prisa y con sigilo, aunque el error ya se había consumado.

-¿Papá?

Ante aquella pregunta, calló su cabeza y sus hombros se alzaron... estaba encerrado. Pero había que arreglar aquello, actuar con naturalidad y todo se arreglaría. Respiró hondo de nuevo, sujetó el oso y sin que su mano pudiera verse, lo mostró a la muchacha mientras lo apoyaba en el marco lateral de la puerta y dijo:

-¡Bonjour jolie fille! -Ella lo miró y tras una dulce carcajada, se tapó la boca y respondió con un alegre grito-
-!Bonjour peluche! -Tras lo cual echó a reir-

Se reía, eso era bueno, suspiró aliviado. Continuó:

-Avez-vous quelqu'un de doux rêves? -"Alguien ha tenido dulces sueños?"-
-Oui! Oui! Moi!! -"Sí, Sí, Yo", Dijo entusiasmada-
-C'est bon, c'est bon... -"Está bien, está bien", Dijo algo más calmado- À vous de me dire? -"Me los cuentas?"

Las últimas palabras del oso no pudo entenderlas, así que se levantó de la cama, y con sigilo, comenzó a caminar hacia él para descubrir quién estaba tras el peluche. El muchacho sin saber nada de esto esperaba ingenuamente la respuesta hasta que sintió un tirón. El oso le fue arrebatado de la mano y con la pérdida, el corazón le dió un vuelco. La muchacha abrazó al oso con ambos brazos protegiéndose el pecho y se presentó delante de César. Lo miró con confusión en ingenuidad, y él, avergonzado solo podía mirarla alos calcetines, verdes también.

¿Dónde está papá? -Dijo a punto de llorar-
-No, no... -Se arrodilló ante ella e intentó acariciar su mejilla pero ésta retrocedió rechazando la caricia, César permaneció arrodillado, y con calma, pasó a explicar lo sucedido- Papá y mamá se han marchado porque tienen algo muy importante que hacer y me han dicho a mí que te cuide. -Se alzó y puso la mano sobre su pecho- Mi nombre es César y seré tu profesor de francés.

La muchacha lo miró fascinada por su convicción al hablar, la dulzura de su voz, la tranquilidad y la elegancia de sus movimientos. Apoyó al oso en el suelo y posó sobre su corazón la mano derecha.

-Yo me llamo Irina, pero puedes llamarme Iri. Y seré... -Pensó un segundo- ¿Tu alumna? -Preguntó con una sonrisa-

El muchacho sonrió, eran tan tierna y confiada que había descuidado cubrirse solo por cumplir con un gesto de presentación exagerado causado por los nervios. César no pudo evitarlo, se arrodilló de nuevo e intetnó culminar la caricia que le había negado, esta vez si la permitió; la dirigió por su cuello, entre el hombro y la cara, ella sintió un dulce cosquilleo acopañado por el dulce perfume del muchacho, devolvió la caricia al muchacho sobando tiernamente su mano con las dos suyas y lo miró con ternura. Le gustaba ese muchacho, dio un paso atrás y sujetó su mano derecha atrayéndolo hacia sí.

-¡Ven! -Le empujaba para que se sentase en su cama- Cuéntame cosas de Francia. -Preguntaba con una sonrisa-

Llevado por la muchacha y con una sonrisa se sentó en la cama y dijo:

-Primero será mejor que te pongas algo, en francia las señoritas no se dejan ver de esa forma por un elegante profesor como yo. -Dijo con una sonrisa-
-Pero no estamos en francia y hace calor, además tú eres un profesor osito. -Rió de forma inocente por su broma-

César respondió con otra risa y respondió a la anterior pregunta:

-Francia es un lugar hermoso, sobre todo durante la noche, las luces parecen fundirse con las estrellas, se oyen en la lejanía las canciones de románticos acordeones y se respira amor en toda la ciudad. -Esa era la versión que podía darle a la muchacha, no podía decir que fue con sus amigos y negociaron con una meretriz a la que no pagaron tras tres servicios de difícil realización-

Ella escuchaba enamorada las palabras sobre aquella que le habían descrito como la "ciudad del amor".

-¿Y me llevarás profesor osito?
-Quiá algún día alumna de ojitos verdes. -Respondió con una sonrisa-

Tras oir el halago la muchacha se sintió llena de seguridad, encogió las rodillas subiendo los pies a la cama como si de una sirena sentada en una roca se tratase y lo miró parpadeando a gran velocidad tres veces mientras inflaba los ojo y lo miraba con dulzura.

-¿Intentas seducirme Iri? -Rió a carcajadas el muchacho-
-¡No! Como me dijiste que te gustaban mis ojos pues... -Respondió avergonzada y haciendo pucheros- Yo...

César interrumpió la risa y la miró con seriedad.

-¿Cuándo dije que me gustaran?
-A ver... dijiste ojitos, y como los míos son verdes pues... -Se ponía nerviosa explicándole-

César acercó su rostro al suyo, disfrutaba viendo a la muchacha enrojecer, desprendía tanta ternura que no podía evitarlo. Pero decidió que era suficiente el mal rato, y para cesar su incomodidad se acercó hasta que sus ojos quedaron a una distancia de tres centímetros y le dijo:

-No me gustan. -Esperó un momento y vio el toque desilusionado en el rostro de la muchacha- Me encantan. -Dijo con una sonrisa- Son un verde intenso y hermoso, como si al mirarte me adentrase en una profunda selva.
-¡Que tonto eres! -Le abrazó por el cuello con fuerza arrodillándose en la cama-

Se incorporó y echó de menos sentirlo cerca. Le preguntó:

-¿Y no tienes mucho calor tú? -Sonrió pícaramente-
-Sí, la verdad. ¿Quieres que ponga el aire acondicionado? -Preguntó levantándose-
-¡No! -Le retuvo sujetándolo de la mano- ¿Por qué no te quitas la camiseta? Así estaremos los dos igual. -Sonrió con cierto brillo lujurioso en su mirada como si entre aquella selva de verde profundo se escondiese una felina con ansias de jugar-

La miró a los ojos alzando las cejas sorprendido por la mirada y enrojeciendo.

----------------------------------------------------------------------------------------------------------

-Eh…. Está bien.

Se retiró la camiseta poco a poco cruzando los brazos y la dejó en su mano derecha. Ella lo miraba con los ojos abiertos y la boca esbozando una sonrisa entreabierta que dejaba ver uno de sus colmillos graciosamente. La miró a los ojos tres segundos relajándose sobre la cama y ella le preguntó:

-¿Vas al gimnasio a que sí? Tienes tableta de chocolate. –Dijo acercando la mano para tocar su abdomen-
Él se alejó bruscamente y se levantó mientras se ponía la camisa de nuevo.

-¿Sabes qué? Mejor será que te espere abajo mientras te vistes, hasta ahora.

Abandonó el cuarto de la muchacha y bajó las escaleras sin mirarla tras sus palabras.
Quedó con un nudo en el estómago tras aquel incidente, la cercanía de la muchacha, sus preguntas y sus reacciones… verdaderamente se había sentido intimidado por la precocidad de la niña. Se sentía ridículo, caminó lentamente hasta el sofá y se sentó a esperarla.
No tardó en aparecer, el sofá miraba hacia la ventana y la entrada a la sala también, y como a ella le gustaba, entró lentamente y sin hacer ruido acercándose poco a poco a la cabeza del muchacho que asomaba sobre la parte trasera del sofá.

-¿Quién soy? –Preguntó poniendo sus manos suavemente sobre sus ojos apoyando los brazos con dificultad sobre los brazos del respaldo-

-Iri…

-No, no soy Iri…

El muchacho, aburrido por el juego, sujetó cada mano de la muchacha con una de las suyas, las alzó separándolas de su cabeza y se giró apoyando una rodilla sobre el sofá. La vio, se había puesto una diadema con orejas de gato y se había pintado la nariz de negro y líneas diagonales en los mofletes con una dirección concéntrica hacia un centímetro arriba de sus labios. Rio tímidamente y preguntó:

-¿Te gusta?
Peleaba con sus labios para mostrarse serio porque ella no se había vestido y había que mostrar enfado, pero su debilidad eran los gatos desde muy joven y la sonrisa se hacía cada vez más difícil de ocultar. La miró con una sonrisa y se sinceró.

-Sí, te ves muy dulce.

Se intercambiaron una tierna mirada durante cinco segundos hasta que la muchacha acercó sus labios rápidamente a los del muchacho. Fue un leve contacto pero suficiente como para resultar un beso sonoro. Él se levantó a toda prisa y se tocó el labio inferior con el dedo índice de forma involuntaria.

-¿Por qué lo has hecho? –Preguntó enfadado-

-¿Por qué? ¿Es malo? –Retrocedió hinchando los labios y arqueando las cejas con tristeza.

-No, no malo… -Se le habían declarado un par de veces, pero nunca alguien como ella, sabía que había que tomar la situación con calma para no herirla.- Simplemente, no debiste hacerlo.

Parpadeó tres veces seguidas mientras se encharcaban sus ojos a gran velocidad, le dio la espalda y comenzó a correr hacia su cuarto. No hacía ruidos de llanto, pero César sabía que lloraba, y miraba la tela del sofá entristecido por la huida repentina de la joven, hasta que se oyó un golpe seco que venía de las escaleras, y tras éste, comenzó el llanto.

-Ahhhhhh…

César saltó por encima del sofá y corrió hacia las escaleras, la vio boca abajo y con las rodillas apoyadas en los escalones, la cara entre dos peldaños y el trasero con la prenda algo descolocada. Subió hasta el quinto escalón que era donde se encontraba y la sujetó del brazo derecho.

-Vamos, calma. –Retiró el brazo en poder del muchacho con brusquedad y volvió a hundir el rostro en las escaleras. –Vamos… no llores Iri.

Se inclinó y la besó en la mejilla izquierda notando la humedad de sus lágrimas en los labios. Ella se reincorporó y cesó el llanto, lo miró e intentó bajar las escaleras para volver al salón, y César comprendió la causa de la caída anterior al presenciar una nueva caída que estaba a punto de suceder… El calcetín del pie izquierdo le resbaló y cayó de nuevo, pero esta vez recibiendo el golpe con la nalga derecha. A César se le abrieron los ojos de preocupación, y esperó oír el llanto, pero ella se limitó a girar el rostro y sonreírle. Él rio, pero comprendió que realmente era una muchacha fuerte, y que el anterior llanto quizá no fuera causado por el dolor físico.

-¿Y si mejor te llevo a tu camita? –Ella asintió con una sonrisa.

La levantó y la llevó en brazos hasta la cama, la dejó de lado para que no se apoyase en el trasero y se dispuso a ir a la cocina para traerle un vaso de agua. Ella, al verlo de espaldas durante dos segundos y ver su disposición a marchar sin decir una palabra gritó:

-¡No! –Él se giró asustado- Eh... –Lo miró avergonzada comprendió que aquel volumen era innecesario- No tienes por qué irte, además, mi papa me dijo que me cuidaras.

Sintió una enorme preocupación, se había caído dos veces por las escaleras, ha había visto semidesnuda todo el tiempo y tenía la cara llena de lágrimas secas, no, no había hecho bien su trabajo. Se arrodilló ante la cama y le preguntó:

-¿Necesitas algo?

Ella se sentó cómodamente olvidando el dolor en sus posaderas y comenzó a pensar.

-¿Podrías… besarme aquí? –Señaló su rodilla izquierda- Todavía me duele.

Él sonrió.

-Claro, lo que sea por mi alumna de ojos bonitos.

Se inclinó y besó dulcemente la rodilla de la joven. Y tras una leve pausa, la muchacha se armó de valor y se arrodilló sobre la cama, le dio la espalda y apoyó codos y antebrazos en la pared mientras giraba la cabeza para ver a César.

-Y… ¿Puedes besar también aquí? –Se señaló la nalga derecha-

Su corazón empezó a palpitar deprisa, estaba arrodillado y la veía mostrar el trasero intentando sacarlo todo lo posible, y no podía evitar recordar su llanto su caída, su desnudez. Se levantó, apoyó las manos sobre la cama, cerró los ojos y besó la tela de su ropa interior. Tenía un olor suave con un ligero eco profundo a mujer, tendría que haberse llenado los pulmones con el aroma de las motas de algodón pegando la nariz entre las piernas de la niña si hubiese querido percibir el aroma a su femineidad. Las nalgas tenían un tamaño perfecto y delicado como para encerrarlas con las palmas de sus manos. Ella se removió un poco, acomodó las rodillas porque los pliegues de la sábana tallaban su piel con ánimo de dejar leves marcas enrojecidas, esto asustó al muchacho; aquel movimiento casi lo hace entrar en razón; dije casi, ya que la suave textura de su piel enternecida lo tenía cautivado. Con los cuatro dedos no oponibles acariciaba suavemente la tela adivinando la tesitura de su carne y con los pulgares, oprimía suavemente separando con delicadeza su trasero prieto. La oía respirar intensamente, se inclinó ligeramente para ver su estómago por debajo de su ropa interior, y ella, que percibió su movimiento, agachó la cabeza de modo que sus miradas se juntaron mostrando sus rostros mutuamente con el marco de sus piernas de tono porcelana blanca. Soltó una leve carcajada y se dio media vuelta, se tumbó boca arriba con las piernas abiertas y los talones cercanos a sus nalgas. La vista que tenía la muchacha era como un tirachinas sin goma apuntando al ombligo del muchacho, y esperando cinco segundos mientras mostraba su más traviesa sonrisa preguntó:

-¿Me quieres follar?

Un violento shock golpeó la tranquilidad de César, estuvo a punto de incorporarse, pero la muchacha lo agarró de las muñecas.

-He, espera… Perdón. ¿Hacemos el amor? –Propuso apresuradamente-

-Hagamos mejor lo correcto. –Respondió con el ceño fruncido- Vístete.

Le soltó de las muñecas y puso un rostro de decepción, confusión y rápida indagación mental, y mientras el muchacho buscaba su camiseta ella dijo:
-Le diré a papá que me besaste el culo.

Se giró ipso facto interrumpiendo la búsqueda y la miró a los ojos delatando con la mirada el miedo. Tragó saliva, respiró hondo y tras segundos de vacilación se dispuso a hablar.

-¿En… -Ella lo interrumpió con una carcajada malévolamente espontánea-

Leyó en los ojos el miedo del muchacho y lo creyó bajo su poder, y por desgracia para César, no se equivocaba. Aquella risa no le dejó articular palabra, el pulso le era ajeno y sentía el presentimiento de que cualquier palabra dicha a continuación de entre sus labios saldría titubeante, carente de firmeza y autoridad.

Ella se volvió a tumbar, buscando relajación, cogió una de las múltiples almohadas que reposaban en su cama y la situó entre la pared y el extremo del colchón que la tocaba, donde después colocó la nuca descolocando así la diadema de orejas de gato que llevaba puesta. Abriéndose de nuevo, apuntando con las rodillas al techo en un ángulo recto, comenzó a acariciarse el interior de las piernas a centímetros de su entrepierna en dirección a sus rodillas. Cerró los ojos, César miraba perplejo y expectante, atemorizado por las consecuencias de los instantes anteriores y abrumado por la incertidumbre de lo que acontecía.

-Ven y abrázame. –Dijo imperativamente entreabriendo los ojos y extendiendo los brazos-

César se acercó, dejó caer la camisa al suelo, situó las rodillas en el colchón y tras cruzar con la cabeza el umbral de sus piernas introdujo los brazos centímetros debajo de las axilas de la niña. Ella respondió a sus movimientos cerrando los ojos de nuevo y agradeciendo la cercanía rodeando su cuello con los brazos; pasaron varios segundos de incómodo silencio, y ella, al sentir la insatisfacción del momento alzó los hombros junto con el tórax, dobló el cuello sin separar la parte posterior de su cabeza que reposaba sobre sus sedosos mechones en la almohada y le miró el pelo mientras reposaba la mejilla izquierda en su estómago. El muchacho entendió que dejaba espacio para que introdujese las manos y los antebrazos bajo la espalda y al contacto con los omoplatos y así lo hizo, subió la cabeza, esta vez apoyando la nariz entre los pezones rosados de la muchacha e introdujo los brazos suavemente bajo su espalda con las palmas extendidas. Sintió el calor, se sintió protegida por los brazos del muchacho, rodeada por completo y embriagada por el aroma de su pelo, introdujo sus dedos entre los cabellos azabache del muchacho mientras se preguntaba así misma: “¿Esto es el amor?”. Mientras el permanecía con los ojos abiertos y la respiración nerviosa e irregular.

-Más fuerte. –Dijo ella en un susurro.

Él, nervioso, obedeció. Torpemente aumentó la fuerza de su abrazo y selló la tenaza con una fuerza quizá desmedida y oyó un pequeño sonido seco de entre la piel de la niña, similar al que emanan los dedos al doblar la falange hasta su extremo.

-Ah. –Gimió discretamente-

“¿Qué demonios te pasa? ¿La besas el culo y ahora le rompes la espalda?”. Así se flagelaba mentalmente tras oír el crujido de la muchacha .Por medio de una voz temblorosa y un segundo y medio tras el sonoro lamento del cuerpo de la niña dijo:

-Lo siento. –Disminuyó la fuerza velozmente hasta dejar los brazos muertos-

Ella sonrió, aquella fuerza para ella era pasión, y no alcanzaba a entender por qué, pero el dolor que él causaba tenía un profundo y dulce regusto a placer.

-Quítamelas. –Se refería a sus pequeñas bragas-

Inmóvil, ignoró aquella orden. La niña esperó dos segundos y al no obtener respuesta del muchacho elevó la pelvis rápidamente haciéndole entender que quería movimiento. Reaccionó ante la presión en su ombligo y sacó los brazos de debajo del cuerpo de la muchacha. Involuntariamente se apoyó con la mano derecha en la rodilla izquierda de la niña y comenzó a pensar una forma de escapar de aquella situación. Pero ella, al ver su indecisión elevó el trasero sin despegar los omoplatos de la cama e intentó retirar las bragas por sí misma; al tocar sus dedos pulgares el elástico, el muchacho reaccionó, y antes de que lo hiciese ella, con los dedos pulgares, índice y corazón de ambas manos, sujetó la prenda alzándola por los laterales de las caderas donde reposaban y la fue acercando poco a poco hacia sí. Bajó toda la tela a excepción de la que hacía contacto con sus labios menores, la cual se hizo esperar, y al salir, dejó ver un pequeño hilo de la secreción de su vagina que se hacía cada vez más fino hasta desaparecer en una mancha humedecida. Conforme bajaba hasta sus talones fue uniendo las piernas, las rodillas y los pies, los cuales fueron recorridos por la tela de algodón suavemente hasta salir entre los dedos pulgares de los pequeños pies de la muchacha. Terminado el proceso, separó las piernas y dejó al descubierto la pequeña línea rodeada por tierna carne abultada que escondía su ropa interior. Pese a abrir por completo las piernas, apenas lograba ver una pequeña línea oscura custodiada a sus lados por clara piel de dorado vello casi imperceptible, como el de un durazno. Tras mirar la entrepierna de la niña, la miró al rostro; volvió el muchacho a fijarse en las pequeñas líneas felinas dibujadas sobre sus mejillas y las orejas de gato postizas torcidas sobre su cabello, sonreía pícaramente mientras su tórax aumentaba y disminuía de tamaño por su profunda respiración. Aquella imagen le superó, se incorporó y respiró hondo mientras ella lo miraba sorprendida e insatisfecha.

Continuará…

Unas palabras :
Saludos, espero que os haya gustado como empieza esto. Y me gustaría, si se me permite de nuevo, compartir mis delirios con la comunidad con la misma libertad con la que se me consentía al principio. Sobra decir que agradeceré cualquier crítica o apreciación. Hasta pronto.
-Verso



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#2
Apenas reencontré de nuevo FM, no me pregunten por qué, pero es un gusto encontrar de nuevo tus narraciones Verso! Espero la continuación! Saludos!
Responder
#3
(07-07-2015, 03:38 PM)HigurashiMadness escribió: Apenas reencontré de nuevo FM, no me pregunten por qué, pero es un gusto encontrar de nuevo tus narraciones Verso! Espero la continuación! Saludos!

Caballero, que honor volver a leerle. Recuerdo mis inicios en factor moe y tu saludo, fuiste el primero en apreciar mi trabajo y te consideré un fiel lector. Deja de esperar esa continuació jajaj, aquí esta Guiño

PT: Soy consciente de que estoy oxidadisimo, y de que también tengo muchas incongruencias en las cosas que escribo, por eso me gustria si alguien ve algun error descarado que lo comente... me ayudará a recuperar la calidad que tenía ace un tiempo y kiza consiga superarla incluso.
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